Ni precio, ni ideas

Carlos Contera, veterinario y presidente de ASEMUCE

La última reunión de la federación catalana de cunicultores ha dejado bien claro que nuestro sector pasa por su mayor crisis estructural. Las elecciones recientes en los cargos de la Federació pasa una vez más por el equipo directivo catalán, ya muy gastado. Su continuidad deja inactiva la única vía de reforma que la estructura de Conacún + Intercún ofrecía. Al mismo tiempo se hacen públicos los datos oficiales de reducción y desaparición de granjas, que son negativos en todas las zonas tradicionales de producción y que en Andalucía rebasan el 25% de nuestro sector en solo seis meses.

Todo un discurso derrotista en la Federació para echar culpas fuera y apenas reconocer la ausencia de impulso y de ideas propias. Los señores Terrado y Campanales pasan por ser los motores de la reacción al grupo. Pero es un motor gripado. El ambiente cunícola parece contagiado –hoy por hoy- de las declaraciones a la revista Cunicultura del actual dirigente de la interprofesional. La mayor parte de los lectores hemos entendido el mensaje: abordar el cambio, sin renovación de personas, sin cambio de estrategia, no cambiará el marketing, ni los objetivos. Es la interprofesional ni-ni.

Desde que funciona Intercún el precio al cunicultor no ha dejado de bajar en términos absolutos. Y es una posición lógica si tenemos en cuenta el desequilibrio de fuerzas y el secuestro al que ha sido sometida la organización. Cuanto más dinero ha gastado Intercún en publicitar carne para los deportistas, más ha bajado el precio en mercado y al productor. La realidad nos demuestra que ese no es el camino. Y ahora que aparecían cambios, nos dicen que la única novedad consiste en ¡contratar un veterinario…! Ganaríamos todos si el invento se bloquease o desapareciese, porque se ha convertido en el gran problema, muy lejos de formar parte de la solución.

Desde luego, falla la representatividad en el sector cunícola. Hay un tufillo de cruce de circuitos. Los cunicultores a nivel catalán y nacional son incapaces de estructurar su resistencia a la apisonadora del grupo. Los pequeños mataderos aprovechan el fruto, mientras los grandes mueven el árbol. Y el mercado se encamina a intentar producir conejo a precio de pollo, para estar presentes en las grandes superficies. La piel de por medio. El consumidor que resiste la reducción de mercado de nuestra carne, lo hace comprando un producto embolsado, no exento de película post-oreo, o con ese residuo de sangre en bandeja que ha logrado espantar a la mayoría del cliente clásico trasvasado de tienda a lineal.

Reitero mi posición de observador con años en esto: nuestra única ruptura del círculo vicioso actual sería la matanza en granja y la reconquista de los mercados de proximidad. Con un mensaje de frescura, autenticidad y rentabilidad. No todos los cunicultores podrían abordarlo, aunque sí los más jóvenes o los más inquietos. Cada una de las aproximaciones a esta forma de vender se ha coronado con éxito. Hay ejemplos en Alicante, Murcia, Barcelona, Gerona, sur de Francia. La idea es tan potente que ha reunido por unanimidad a los miembros de Intercún en contra. Y es que habría miles de conejos apartados a otro circuito para clientes. Un circuito actualmente al margen de las grandes superficies. Un circuito que aprecia el producto de granja y alcanzaría la paradoja de incrementar su valor en general, por escasez del circuito industrial y por puesta en valor del circuito directo. Habríamos abierto una ventana a la modernización con futuro.